Trump quiere convertir el 250 aniversario de EU en un culto al líder; lo opuesto al espíritu de los padres fundadores.

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Reportero A7 | 5 de Junio de 2026 a las 17:09

Washington. - El próximo 4 de julio, Estados Unidos celebra el 250 aniversario de la separación de 13 colonias del imperio británico. Ese día se firmó la Declaración de Independencia —redactada por Thomas Jefferson (tercer presidente de EU), John Adams (segundo presidente de EU), Benjamin Franklin, Roger Sherman y Robert R. Livingston—, en la que se proclamaba que el nuevo Estado tendría separación de poderes y un gobierno y parlamento surgidos del pueblo y removidos por el pueblo, en caso de corrupción o autoritarismo por parte de los representantes electos, empezando por el presidente.

El ADN fundacional está claro: la legitimidad política proviene de la voluntad del pueblo y no de la herencia monárquica ni de un dictador. De hecho, el primer presidente de Estados Unidos, George Washington (elegido por haber sido el comandante en jefe que derrotó a las tropas británicas), se negó a perpetuarse en el poder e impuso la limitación a dos mandatos, que más tarde se convirtió en ley con la Enmienda XXII.

Washington representaba el ideal de los Padres Fundadores: un líder que servía a la nación y luego se retiraba, evitando el culto a la personalidad y reforzando la primacía de las instituciones. Su decisión de no perpetuarse en el poder fue clave para consolidar la nueva república, que con el tiempo se convirtió en la primera potencia planetaria.

Pues bien, dos siglos y medio después, Estados Unidos está en manos de Donald Trump, el presidente más imperialista de su historia, respaldado por un movimiento sectario ultraderechista —MAGA—, con un Congreso controlado por un sumiso Partido Republicano y una Corte Suprema controlada por una mayoría afín a su pensamiento ultraconservador.

Si el presidente Washington levantara la cabeza, se volvería a meter en la tumba de la pena, luego de escuchar a Trump decir que le gustaría ser dictador “aunque fuera un día”, sin ser consciente de que, lejos de devolver la grandeza a EU, está arrastrando al país a una era de aislamiento y decadencia.

En sus delirios de grandeza, Trump planea levantar un gigantesco arco de triunfo, al estilo del que el autoproclamado emperador Napoléon ordenó levantar en París, solo que este mayor y rematado por estatuas doradas gigantescas.

Presiona también para que se emitan monedas conmemorativas por el 250 aniversario y billetes de 250 dólares con su rostro, algo inaudito que rompería la regla vigente desde 1866 que prohíbe incluir a personas vivas en el papel moneda.

INFORMACIÓN: crónica.com




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